Hay algo profundamente ridículo y a la vez fascinante en la idea de subirse a lo que es básicamente una motocicleta acuática que hace un ruido infernal y te deja empapado hasta los huesos. Pero ahí estaba yo, bajo el sol implacable del sur de Tenerife, viendo cómo decenas de tipos con chalecos salvavidas fluorescentes salían disparados desde Puerto Colón como si estuvieran en la escena de persecución de alguna película de acción de tercera categoría. Playa de las Américas se vende como el epicentro de la diversión acuática, y no mienten: aquí puedes alquilar prácticamente cualquier cosa que flote y haga ruido. La pregunta es si realmente vale la pena gastar tu dinero en una de estas máquinas ruidosas o si es solo otra trampa para turistas con más ganas de adrenalina que sentido común.
Vkratce: la mejor ruta es el safari de tres horas a Los Gigantes si quieres ver algo más allá de hoteles y turistas flotando, mete una funda impermeable para el móvil porque te vas a mojar sí o sí, cuenta con unos 120-180€ por moto biplaza dependiendo de cuánto tiempo aguantes sentado sobre un motor vibrante, y reserva con al menos dos días de antelación porque en verano esto se llena de gente que cree que pilotar un jet ski los convierte en exploradores marinos.
¿Por qué elegir un safari en moto de agua en Playa de las Américas?
La verdad es que ver la costa desde el mar cambia la perspectiva de forma brutal. Esos hoteles monstruosos que desde tierra parecen bloques de hormigón sin gracia, desde el agua adquieren cierta dimensión, especialmente cuando el Teide se asoma al fondo como un gigante dormido. Claro que podrías verlo desde un barco normal, pero entonces no tendrías la sensación de control total que te da pilotar tu propia moto de agua. Es engañoso, por supuesto, porque vas siguiendo a un guía como patito detrás de su madre, pero al menos puedes acelerar cuando te apetece y sentir cómo la máquina responde bajo tus manos.
Lo de avistar delfines suena a reclamo publicitario, y en parte lo es. En mi caso, durante el safari de dos horas, vi exactamente tres aletas a lo lejos que podrían haber sido delfines o tal vez tiburones pequeños o incluso bolsas de plástico flotantes. El guía insistía en que eran delfines mulares y todos asentíamos con entusiasmo porque habíamos pagado 120 euros por creerlo. Pero admito que hay rutas más largas donde las probabilidades aumentan, especialmente si sales temprano por la mañana cuando el mar está más calmado y los animales menos hartos de turistas ruidosos.
Lo que sí es cierto es que llegas a sitios donde los barcos grandes no van. Calas escondidas entre formaciones rocosas volcánicas negras, cuevas que parecen puertas al inframundo, bahías diminutas donde el agua es tan transparente que ves cada piedra del fondo. Eso no te lo lleva ningún tour en catamarán lleno de familias con niños gritando. Y no necesitas ni licencia ni experiencia previa porque el guía va delante marcando el ritmo y dando instrucciones por radio. Es accesible hasta para los más torpes, lo cual explica por qué había tanta gente sin coordinación motriz montada en estas cosas.
Principales empresas y dónde alquilar tu moto de agua
Prácticamente todo sale de Puerto Colón, un puerto deportivo en Costa Adeje que intenta desesperadamente parecer elegante con sus palmeras y su paseo marítimo pulido. La ubicación exacta está en 28.0734° N, 16.7371° W, por si tu GPS necesita coordenadas precisas para encontrar lo que está a diez minutos caminando de cualquier hotel en Las Américas o Los Cristianos. Es cómodo, eso hay que reconocerlo. Llegas andando o en un taxi que te cobra cinco euros como mucho.
Las empresas que dominan el cotarro son Radikal Jet Ski, Tenerife Water Sports, Maritime Sports Tenerife y Ocean Jet Ski & Boat Tenerife. Radikal tiene fama por sus rutas largas a Los Gigantes, aunque sus motos me parecieron un poco viejas y traqueteadas. Tenerife Water Sports usa modelos más nuevos pero sus guías parecían estar en piloto automático, repitiendo las mismas frases ensayadas sobre la fauna marina con una sonrisa congelada. Maritime Sports destaca por tener equipos más modernos, mientras que Ocean Jet Ski presume de ser los más profesionales, aunque todos usan básicamente el mismo discurso de seguridad.
Lo mejor de todas es que ofrecen recogida gratuita desde tu hotel si estás en la zona de Costa Adeje, Las Américas o Los Cristianos. Te mandan un WhatsApp el día anterior confirmando la hora y aparece una furgoneta blanca con el logo de la empresa. Es práctico, aunque yo siempre prefiero ir por mi cuenta para no depender de horarios ajenos ni compartir espacio con desconocidos sudorosos en una furgoneta sin aire acondicionado suficiente.
Precios y duración: ¿Cuánto cuesta una moto de agua en Las Américas?
Los precios fluctúan según la temporada y tu habilidad para regatear, pero en general las tarifas son bastante estables. Una sesión de 30-40 minutos te arranca desde 60 euros si vas solo, suficiente para dar una vuelta corta y confirmar si la experiencia te gusta o te produce náuseas. La opción de una hora está entre 79 y 126 euros dependiendo de si compartes moto o vas en solitario. Dos horas oscilan entre 120 y 180 euros, y las tres horas completas parten de 180 euros hacia arriba.
| Duración | Moto Individual | Moto Biplaza |
| 30-40 minutos | desde 60€ | — |
| 1 hora | 79€-95€ | 89€-126€ |
| 2 horas | 120€-130€ | 140€-180€ |
| 3 horas | desde 180€ | — |
En teoría, el precio incluye combustible, chaleco salvavidas, seguro de responsabilidad civil y el guía experto en su propia moto. El chaleco es obligatorio y está tan usado que huele a cloro mezclado con sudor ajeno. El seguro cubre lo mínimo, así que si destrozas la moto porque decidiste hacer el idiota, prepárate para abrir la cartera. El guía va delante marcando la ruta, lo cual está bien hasta que decides que su ritmo es demasiado lento y te entra la tentación de adelantarlo, cosa que está prohibida y te lo recuerdan cada cinco minutos por la radio.
El precio es por moto, no por persona, lo que significa que si van dos en una biplaza dividen el coste. Es la opción más razonable económicamente, aunque implica que uno pilota y el otro va agarrado atrás como un mono asustado sintiendo cada golpe de ola directamente en la columna vertebral. Muchas empresas ofrecen reportajes fotográficos como extra, un tío con una cámara que te sigue en otra moto y te saca fotos que luego te venden a 30-40 euros adicionales. Las fotos siempre salen con tu cara contraída en una mueca extraña que pretende ser emoción pero parece más bien terror.
Las mejores rutas y safaris en moto de agua desde Puerto Colón
La ruta corta de una hora va hacia el sur, bordeando Playa de las Américas y Los Cristianos hasta llegar a la zona de Palmar. Es básicamente un paseo por la costa turística donde ves los mismos hoteles que ya conoces pero desde un ángulo diferente. Ideal si es tu primera vez y quieres probar sin comprometerte a horas de vibración constante. Yo la encontré aburrida después de veinte minutos, pero hay gente que disfruta viendo las playas abarrotadas de turistas desde la distancia segura del océano.
El safari de delfines de dos horas es el más popular y se entiende por qué. Sales más lejos hacia mar abierto buscando grupos de delfines mulares que supuestamente están en su hábitat natural. La probabilidad de verlos depende de la suerte, la hora y cuántos otros barcos están ahí molestándolos. Cuando aparecen, el guía baja la velocidad y todos se quedan flotando en silencio intentando capturar el momento en sus móviles con fundas impermeables. Luego hay una parada en alguna bahía tranquila para nadar diez minutos, que es cuando te das cuenta de que llevas una hora sentado en una posición incómoda y tu trasero está completamente entumecido.
La ruta de tres horas al Acantilado de Los Gigantes es otra historia. Los acantilados se elevan 600 metros desde el mar como paredes negras gigantescas que te hacen sentir insignificante. Las cuevas marinas se abren en la roca volcánica, oscuras y misteriosas, y entras en ellas con el motor al ralentí mientras el guía cuenta historias sobre la Cueva del Amor que probablemente se inventó en ese momento. Es impresionante, hay que admitirlo, aunque para entonces ya llevas tres horas montado en un jet ski y cada músculo de tu cuerpo está protestando.
También ofrecen excursiones más cortas de 40 minutos a Playa de Troya o Playa San Juan, que son básicamente versiones recortadas de la ruta de una hora. Y luego está el crucero al atardecer de hora y media, pensado para parejas que quieren algo romántico pero sin renunciar al ruido de un motor de dos tiempos. Ver la puesta de sol desde el agua tiene su encanto, especialmente cuando el cielo se vuelve naranja y el Teide se recorta contra la luz, pero yo seguía pensando que lo mismo lo podría haber visto desde un bar en la playa con una cerveza fría en la mano.
Requisitos y consejos de seguridad para pilotar
Para pilotar necesitas tener 18 años como mínimo, aunque escuché a un guía decir que algunas empresas permiten 16 con autorización paterna firmada y sellada por ambos progenitores y probablemente un notario. Como pasajero puedes subir desde los 8 años, lo que me parece una locura porque vi niños de esa edad agarrados a sus padres con cara de terror mientras las olas los sacudían sin piedad.
No necesitas licencia de navegación ni ningún carnet especial porque vas en excursión guiada. El guía lleva el control real de la situación, tú solo sigues instrucciones y finges que sabes lo que estás haciendo. Hay restricciones de peso que se toman en serio: máximo 120 kilos si vas solo, 180 kilos en total si van dos. Lo comprueban al principio y no con mucha delicadeza, así que prepárate para que un tipo con chaleco naranja evalúe tu complexión física con la mirada.
Las instrucciones de seguridad son repetitivas hasta el aburrimiento. Mantén la distancia con la moto de delante, no te separes del grupo, si caes al agua el motor se para automáticamente y el guía viene a rescatarte. El chaleco salvavidas es obligatorio incluso si eres un nadador olímpico, y está tan ajustado que respiras con dificultad durante toda la excursión. Me caí una vez porque tomé una ola mal y efectivamente el motor se detuvo al instante. El guía apareció en treinta segundos con una sonrisa condescendiente y me ayudó a subir de nuevo mientras yo intentaba mantener algo de dignidad.
Cómo reservar tu excursión y qué esperar del servicio
Reservar es sencillo: entras en la página web de cualquiera de estas empresas o usas una plataforma de actividades turísticas que todas son iguales. Seleccionas fecha, hora y ruta, pagas con tarjeta y recibes una confirmación por email que llegas a leer o no. En temporada alta, especialmente julio, agosto y vacaciones escolares, las plazas se agotan con días de antelación. Llegué en junio pensando que reservar con un día bastaba y me encontré con que las mejores franjas horarias estaban completas. Tuve que conformarme con un turno de tarde cuando el sol pega más fuerte y el mar está más agitado.
Un detalle que no es menor: tienen guías que hablan ruso, español, inglés y francés. Esto garantiza que entiendas las instrucciones de seguridad en tu idioma, lo cual está bien porque cuando vas a 60 kilómetros por hora sobre el agua no es momento para malentendidos lingüísticos. Mi guía hablaba un español con acento francés tan marcado que a veces no entendía si me estaba dando indicaciones o contando anécdotas personales.
La política de cancelación es flexible: puedes cambiar la fecha o cancelar sin coste si lo haces con 24 horas de antelación. Esto da tranquilidad porque el tiempo en Tenerife puede ser impredecible. Un día amaneció con viento fuerte y mar picado, la empresa me llamó a las ocho de la mañana para reprogramar. Tuve la opción de elegir otro día o que me devolvieran el dinero, elegí cambiar la fecha y todo funcionó sin problemas.
El traslado gratuito desde el hotel es un servicio estándar. Te recogen en una furgoneta que huele a neopreno húmedo y crema solar, compartes espacio con otros turistas que hablan idiomas que no identificas, y el conductor pone música de reggaeton a un volumen innecesario. Llegar por tu cuenta es más civilizado, pero hay que reconocer que es cómodo no preocuparse por encontrar aparcamiento cerca del puerto.
Preparativos para tu día en el mar: qué llevar y cómo llegar
Cuando llegué la primera vez me olvidé la toalla y tuve que comprar una en una tienda cerca del puerto que me cobró 25 euros por un trozo de tela que parecía lija. Después de esa experiencia aprendí a preparar las cosas con antelación. El bañador es obvio, yo lo llevaba puesto debajo de un pantalón corto porque los vestuarios en Puerto Colón son tan pequeños que cambiarse ahí dentro requiere habilidades de contorsionista. Protector solar de alta protección es obligatorio, el reflejo del sol en el agua convierte tu piel en carne asada si no te proteges bien. Me puse factor 50 y aun así salí con la nariz roja como un tomate.
Gafas de sol con una cinta para sujetarlas son esenciales. Vi a un tipo perder las suyas en la primera ola fuerte, se hundieron en el Atlántico y ahí se quedaron para siempre. Una funda impermeable para el móvil es necesaria si quieres fotos decentes, aunque las que saqué yo salieron todas movidas y con gotas de agua en la lente. Hay quien se lleva una GoPro sujeta al pecho con un arnés, esos sí consiguen material utilizable para sus redes sociales. Una toalla y ropa seca para después no son negociables a menos que quieras volver al hotel empapado y oliendo a sal.
El documento de identidad o pasaporte lo piden para el registro. Una chica francesa se presentó sin nada y no la dejaron subir hasta que su novio volvió corriendo al hotel a buscarlo. Tardó cuarenta minutos, el grupo salió tarde y el guía estaba de un humor horrible. Llegar a Puerto Colón es fácil: si estás en Las Américas o Los Cristianos vas caminando en quince minutos siguiendo el paseo marítimo. Un taxi cuesta entre cinco y ocho euros dependiendo de lo lejos que estés. O usas el transfer gratuito que te recoge en el hotel, aunque entonces dependes de sus horarios.
En el puerto hay taquillas donde dejar las cosas que no quieres mojar. Cuestan dos euros y son más seguras de lo que parecen, aunque yo siempre desconfío de dejar ahí el pasaporte y el dinero. La base de cada empresa tiene una zona donde apilar las mochilas, vigilada por alguien que teóricamente está atento pero que cuando volví estaba mirando el móvil.
Más allá de la moto de agua: qué hacer cerca de Puerto Colón
Después de tres horas montado en un jet ski lo último que quieres es más actividad física. Las playas cercanas son la opción obvia para colapsar bajo el sol y recuperarte. Playa de Fañabé está a cinco minutos caminando, tiene arena oscura volcánica y suficientes tumbonas de alquiler como para no tener que poner tu toalla directamente en la arena llena de colillas. Playa de La Pinta está literalmente junto al puerto, práctica para familias con niños pequeños porque el agua es tranquila, aunque también está abarrotada de gente que tiene la misma idea.
Playa del Duque es la versión lujosa, más al sur, con arena más clara importada de algún sitio y un ambiente donde la gente pretende estar en un resort exclusivo aunque está en el mismo Tenerife que todos los demás. Yo fui una tarde y me senté en un chiringuito que cobraba siete euros por una cerveza. La vista era bonita pero no justificaba el precio.
Para comer, el paseo marítimo de Puerto Colón tiene restaurantes con terrazas frente al mar. Probé uno que presumía de pescado fresco local y me sirvieron un dorado que estaba correcto pero no memorable, por 18 euros sin guarnición. Hay opciones más económicas si te alejas del puerto: bocadillos, pizzas, comida internacional que intenta satisfacer todos los paladares y no satisface ninguno completamente. Un sitio de tapas español me sorprendió gratamente, papas arrugadas con mojo picón que sabían como deben saber y no costaban un riñón.
Si todavía te quedan fuerzas, los centros comerciales como el Plaza del Duque están cerca. Es el típico centro comercial con tiendas de ropa, joyerías y puestos de helados. Fui porque necesitaba una camiseta nueva después de que la mía acabara impregnada de olor a gasolina. El ambiente del paseo marítimo de Costa Adeje por la noche está animado, bares con música en vivo, terrazas llenas de turistas bebiendo cócteles de colores imposibles. Otras actividades acuáticas salen del mismo puerto: avistamiento de cetáceos en catamarán que es menos agresivo que el jet ski, parasailing para los que quieren ver la costa desde el aire colgados de un paracaídas, buceo para los que prefieren el silencio bajo el agua.
Preguntas frecuentes
La pregunta sobre el carnet la hace todo el mundo. No, no necesitas ninguna licencia para las excursiones guiadas. Vas siguiendo al guía como un patito obediente y él tiene todas las certificaciones necesarias. Si quisieras alquilar un jet ski por tu cuenta sin guía entonces sí necesitarías la licencia de navegación, pero esa opción no existe en estas empresas turísticas.
Los niños pueden ir como pasajeros desde los 8 años. Vi a un crío de esa edad montado detrás de su padre, agarrado con todas sus fuerzas y con los ojos cerrados la mitad del tiempo. Técnicamente está permitido, moralmente me parece cuestionable someterlos a esa experiencia cuando claramente preferirían estar en una piscina con flotador.
Si el tiempo es malo el día de tu reserva la empresa te contacta, generalmente temprano por la mañana, para cambiar la fecha o devolver el dinero. Conozco a alguien que tuvo tres cancelaciones seguidas por viento fuerte, al final consiguió hacer la excursión el cuarto día pero ya estaba tan harto que no la disfrutó. La política de reembolso funciona sin complicaciones, eso hay que reconocerlo.
Caerse de la moto es posible pero poco frecuente si no haces el tonto. Las motos son estables en condiciones normales. Yo me caí por tomar una ola grande en mal ángulo, el motor se detuvo automáticamente como prometen, el guía llegó en segundos y me ayudó a subir de nuevo. Es más humillante que peligroso. El agua estaba fría, tragué medio litro salado, y durante el resto de la excursión fui más cauteloso.
Para dejar tus cosas hay taquillas de pago en el puerto o las zonas de almacenamiento de cada empresa. Yo usé las taquillas porque no confío en dejar el pasaporte y la cartera en una mochila vigilada por alguien que está más pendiente de su teléfono que de las pertenencias ajenas. Dos euros es un precio razonable por la tranquilidad de saber que tus cosas están bajo llave mientras tú das vueltas por el océano montado en una máquina ruidosa.